La coherencia entre el mensaje
teórico y las decisiones de gestión es clave para el éxito de la acción
comunicativa. Las personas tendemos a considerar como serias y creíbles las
propuestas teóricas que vienen acompañadas de políticas concretas –e
inversiones asociadas- que tratan de modelar la realidad en función de las
necesidades proclamadas.
En el momento actual es especialmente importante que
los discursos sobre el cambio climático empiecen a traducirse en políticas
diferentes, en todos los ámbitos de la gestión –estatal, autonómico y
municipal-, y que éstas sean explicadas a la ciudadanía como reacciones coherentes
con el gran reto que tenemos como sociedad. La apreciable desvinculación actual
entre las estrategias de comunicación sobre el cambio climático y las de
gestión de todos los aspectos a él vinculados –urbanismo, movilidad, gestión
del agua, etc.- sólo puede percibirse, desde el sentido común ciudadano, como
una señal neta de que “el problema ni es tan urgente ni tan grave”. Esta
percepción –trasladada a la sociedad no desde la comunicación verbal sino
factual se refuerza, además, por la sensación de que los esfuerzos
individuales, en un contexto social adverso, serán insignificantes